Del objeto artístico al objeto escénico
Roberto García de Mesa
El objeto en sí mismo es una forma pura susceptible de
análisis, es un recipiente que espera un contenido esencial. Y ese contenido es
lo que puede darle una significación artística. Cuando el objeto está fijado
por un contenido esencial, su significación también resulta determinada por el
contexto, por el uso, por el encuentro con los otros.
Sea como fuere, el objeto, así considerado, ha construido un mecanismo central de la creación. El objeto artístico, al igual que el objeto filosófico, constituye un centro donde el ser humano desvela sus inquietudes más íntimas. La diferencia entre uno y otro objeto recae en que la vocación del primero es la de trascender, mientras que la del segundo, en gran medida, es la de describir un conocimiento científico. Ahora bien, cuando uno y otro conocimiento se aproximan, el objeto artístico pierde sentimentalidad y gana en definición. Con lo cual, se convierte en una especie de concepto puro determinable. Cuando se aproximan varios objetos, se funden diversos conceptos que interactúan entre sí. Cuando se produce esto, la obra artística adquiere un intenso grado de representación. Por ello, se acerca a lo escénico. Los objetos, los conceptos se interrelacionan y dialogan entre ellos. La vanguardia llamó a esto «objetos encontrados».
Pero estos conceptos representan, en su virtualidad escénica, los desgastes de la modernidad. Las obras políticas, con vocación de fracaso siempre, favorecen el desgaste de la sociedad. El capitalismo articula estas políticas y, a través de la oferta y la demanda, desnuda el lado más salvaje de la moral. Por ello, proyecta una doble mirada: la de los intereses personales y la de los intereses comunes. Si el conflicto entre estas dos fuerzas se representa artísticamente hay que acudir a los conceptos puros. En estos encuentros metafóricos, donde se relacionan conceptos disímiles, se desarrollan estas imágenes dobles. Al descontextualizar cualquier objeto, al aislarlo y vincularlo a otro cuya utilización no es la más próxima semánticamente, la unión entre ellos adquiere un enigmático significado que articula la función poética. El misterio de ese encuentro a través de un título que los une desencadena el mensaje final. La palabra, por tanto, es el detonante primario que proyecta todas las sensaciones en el espectador.
Estas obras, así consideradas, tienen un formato directo y preciso. El espectador no tiene salida. Si atiende a la llamada recibirá un mensaje que actúa interdiscursivamente, ya que evoca a otros contenidos provenientes de conocimientos no sólo textuales. De esta manera, se produce una danza de conceptos interrelacionados que transitan por los espacios del entendimiento. A través del encuentro de objetos se aproximan lo poético y lo escénico. Los objetos se muestran y adquieren nuevos significados. En realidad, son pequeños libros del hombre, conocimientos comprimidos que conducen a un descubrimiento mayor de algo o a otras connotaciones más íntimas. Por ello, el espectador no puede mantenerse indiferente ante los objetos encontrados o ante la poesía objetual. El mensaje se clava en el inconsciente hasta que se vuelve consciente. A partir de ahí, la obra le permitirá avanzar. Es una puerta abierta por los objetos, hechos ya de materia cotidiana, extensión de lo que es el ser humano, de sus referencias del mundo. Invertir los valores o reconducirlos en otras direcciones produce un desequilibrio o un nuevo descubrimiento de la realidad. Se abren otros mundos con ayuda del inconsciente y del legado vanguardista, dadaísta y surrealista, principalmente.
Artistas como Marcel Duchamp, Tristan Tzara, Salvador Dalí, André Breton, Óscar Domínguez, John Cage, Joan Brossa, Juan Hidalgo, entre muchos otros, forjaron esta tradición. A partir de ellos se abrió una puerta que nunca se volverá a cerrar. Siempre permanecerá abierta porque el conocimiento metafórico constituye la principal herramienta de trabajo de la creación después de observar detenidamente la realidad.
El objeto puro es una herramienta de naturaleza fundamentalmente poética, es la máscara del lenguaje en la que se puede entrever la verdadera cara de un hombre. En el objeto todo confluye porque es el espacio exacto de la creación. Es la forma que acaba fundiéndose con la ética y la estética de una obra. El objeto es materia, por ello es teatro y, por ello, provoca la poesía escénica.
El teatro también es forma, un lenguaje propio que evoca todas las connotaciones de la representatividad. En este mecanismo, las unidades mínimas de representación se denominan objetos. Porque todo es determinable y susceptible de ser relacionado en el vacío con cualquier cosa. Aquí, el objeto habla sin intermediarios, no necesita de adjetivos porque en sí mismo constituye una cualidad del pensamiento. La intención de objetualizar el entorno conduce a la autocrítica y a la investigación sobre el lugar ocupado por el ser humano en el mundo.
Por todo ello, lo artístico y lo escénico se relacionan en la esfera objetual. Los conceptos que participan de estos procedimientos se formalizan y adquieren una apariencia de naturaleza poética porque transitan en el misterio del movimiento en el espacio. El objeto contiene estos dos elementos esenciales, con ellos fundamenta su dinamismo en el espectador. Y éste podrá preguntarse si es arte, poesía o teatro lo que, en realidad, ve. Todo está unido, todo se vincula a través de los objetos y de sus respectivos contenidos esenciales. Ellos son los canales, los eslabones que crean las sinergias adecuadas para reconducir un misterio no desvelado.
Publicado en mi libro La poesía en el teatro, la pintura en la música (2009).
Sea como fuere, el objeto, así considerado, ha construido un mecanismo central de la creación. El objeto artístico, al igual que el objeto filosófico, constituye un centro donde el ser humano desvela sus inquietudes más íntimas. La diferencia entre uno y otro objeto recae en que la vocación del primero es la de trascender, mientras que la del segundo, en gran medida, es la de describir un conocimiento científico. Ahora bien, cuando uno y otro conocimiento se aproximan, el objeto artístico pierde sentimentalidad y gana en definición. Con lo cual, se convierte en una especie de concepto puro determinable. Cuando se aproximan varios objetos, se funden diversos conceptos que interactúan entre sí. Cuando se produce esto, la obra artística adquiere un intenso grado de representación. Por ello, se acerca a lo escénico. Los objetos, los conceptos se interrelacionan y dialogan entre ellos. La vanguardia llamó a esto «objetos encontrados».
Pero estos conceptos representan, en su virtualidad escénica, los desgastes de la modernidad. Las obras políticas, con vocación de fracaso siempre, favorecen el desgaste de la sociedad. El capitalismo articula estas políticas y, a través de la oferta y la demanda, desnuda el lado más salvaje de la moral. Por ello, proyecta una doble mirada: la de los intereses personales y la de los intereses comunes. Si el conflicto entre estas dos fuerzas se representa artísticamente hay que acudir a los conceptos puros. En estos encuentros metafóricos, donde se relacionan conceptos disímiles, se desarrollan estas imágenes dobles. Al descontextualizar cualquier objeto, al aislarlo y vincularlo a otro cuya utilización no es la más próxima semánticamente, la unión entre ellos adquiere un enigmático significado que articula la función poética. El misterio de ese encuentro a través de un título que los une desencadena el mensaje final. La palabra, por tanto, es el detonante primario que proyecta todas las sensaciones en el espectador.
Estas obras, así consideradas, tienen un formato directo y preciso. El espectador no tiene salida. Si atiende a la llamada recibirá un mensaje que actúa interdiscursivamente, ya que evoca a otros contenidos provenientes de conocimientos no sólo textuales. De esta manera, se produce una danza de conceptos interrelacionados que transitan por los espacios del entendimiento. A través del encuentro de objetos se aproximan lo poético y lo escénico. Los objetos se muestran y adquieren nuevos significados. En realidad, son pequeños libros del hombre, conocimientos comprimidos que conducen a un descubrimiento mayor de algo o a otras connotaciones más íntimas. Por ello, el espectador no puede mantenerse indiferente ante los objetos encontrados o ante la poesía objetual. El mensaje se clava en el inconsciente hasta que se vuelve consciente. A partir de ahí, la obra le permitirá avanzar. Es una puerta abierta por los objetos, hechos ya de materia cotidiana, extensión de lo que es el ser humano, de sus referencias del mundo. Invertir los valores o reconducirlos en otras direcciones produce un desequilibrio o un nuevo descubrimiento de la realidad. Se abren otros mundos con ayuda del inconsciente y del legado vanguardista, dadaísta y surrealista, principalmente.
Artistas como Marcel Duchamp, Tristan Tzara, Salvador Dalí, André Breton, Óscar Domínguez, John Cage, Joan Brossa, Juan Hidalgo, entre muchos otros, forjaron esta tradición. A partir de ellos se abrió una puerta que nunca se volverá a cerrar. Siempre permanecerá abierta porque el conocimiento metafórico constituye la principal herramienta de trabajo de la creación después de observar detenidamente la realidad.
El objeto puro es una herramienta de naturaleza fundamentalmente poética, es la máscara del lenguaje en la que se puede entrever la verdadera cara de un hombre. En el objeto todo confluye porque es el espacio exacto de la creación. Es la forma que acaba fundiéndose con la ética y la estética de una obra. El objeto es materia, por ello es teatro y, por ello, provoca la poesía escénica.
El teatro también es forma, un lenguaje propio que evoca todas las connotaciones de la representatividad. En este mecanismo, las unidades mínimas de representación se denominan objetos. Porque todo es determinable y susceptible de ser relacionado en el vacío con cualquier cosa. Aquí, el objeto habla sin intermediarios, no necesita de adjetivos porque en sí mismo constituye una cualidad del pensamiento. La intención de objetualizar el entorno conduce a la autocrítica y a la investigación sobre el lugar ocupado por el ser humano en el mundo.
Por todo ello, lo artístico y lo escénico se relacionan en la esfera objetual. Los conceptos que participan de estos procedimientos se formalizan y adquieren una apariencia de naturaleza poética porque transitan en el misterio del movimiento en el espacio. El objeto contiene estos dos elementos esenciales, con ellos fundamenta su dinamismo en el espectador. Y éste podrá preguntarse si es arte, poesía o teatro lo que, en realidad, ve. Todo está unido, todo se vincula a través de los objetos y de sus respectivos contenidos esenciales. Ellos son los canales, los eslabones que crean las sinergias adecuadas para reconducir un misterio no desvelado.
Publicado en mi libro La poesía en el teatro, la pintura en la música (2009).



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