viernes, 21 de marzo de 2014

VIII CLASE LA MANZANA UN OBJETO PARA REFLEXIONAR



 

 

 


 

Del objeto artístico al objeto escénico

Roberto García de Mesa

 



El objeto en sí mismo es una forma pura susceptible de análisis, es un recipiente que espera un contenido esencial. Y ese contenido es lo que puede darle una significación artística. Cuando el objeto está fijado por un contenido esencial, su significación también resulta determinada por el contexto, por el uso, por el encuentro con los otros.
Sea como fuere, el objeto, así considerado, ha construido un mecanismo central de la creación. El objeto artístico, al igual que el objeto filosófico, constituye un centro donde el ser humano desvela sus inquietudes más íntimas. La diferencia entre uno y otro objeto recae en que la vocación del primero es la de trascender, mientras que la del segundo, en gran medida, es la de describir un conocimiento científico. Ahora bien, cuando uno y otro conocimiento se aproximan, el objeto artístico pierde sentimentalidad y gana en definición. Con lo cual, se convierte en una especie de concepto puro determinable. Cuando se aproximan varios objetos, se funden diversos conceptos que interactúan entre sí. Cuando se produce esto, la obra artística adquiere un intenso grado de representación. Por ello, se acerca a lo escénico. Los objetos, los conceptos se interrelacionan y dialogan entre ellos. La vanguardia llamó a esto «objetos encontrados».
Pero estos conceptos representan, en su virtualidad escénica, los desgastes de la modernidad. Las obras políticas, con vocación de fracaso siempre, favorecen el desgaste de la sociedad. El capitalismo articula estas políticas y, a través de la oferta y la demanda, desnuda el lado más salvaje de la moral. Por ello, proyecta una doble mirada: la de los intereses personales y la de los intereses comunes. Si el conflicto entre estas dos fuerzas se representa artísticamente hay que acudir a los conceptos puros. En estos encuentros metafóricos, donde se relacionan conceptos disímiles, se desarrollan estas imágenes dobles. Al descontextualizar cualquier objeto, al aislarlo y vincularlo a otro cuya utilización no es la más próxima semánticamente, la unión entre ellos adquiere un enigmático significado que articula la función poética. El misterio de ese encuentro a través de un título que los une desencadena el mensaje final. La palabra, por tanto, es el detonante primario que proyecta todas las sensaciones en el espectador.
Estas obras, así consideradas, tienen un formato directo y preciso. El espectador no tiene salida. Si atiende a la llamada recibirá un mensaje que actúa interdiscursivamente, ya que evoca a otros contenidos provenientes de conocimientos no sólo textuales. De esta manera, se produce una danza de conceptos interrelacionados que transitan por los espacios del entendimiento. A través del encuentro de objetos se aproximan lo poético y lo escénico. Los objetos se muestran y adquieren nuevos significados. En realidad, son pequeños libros del hombre, conocimientos comprimidos que conducen a un descubrimiento mayor de algo o a otras connotaciones más íntimas. Por ello, el espectador no puede mantenerse indiferente ante los objetos encontrados o ante la poesía objetual. El mensaje se clava en el inconsciente hasta que se vuelve consciente. A partir de ahí, la obra le permitirá avanzar. Es una puerta abierta por los objetos, hechos ya de materia cotidiana, extensión de lo que es el ser humano, de sus referencias del mundo. Invertir los valores o reconducirlos en otras direcciones produce un desequilibrio o un nuevo descubrimiento de la realidad. Se abren otros mundos con ayuda del inconsciente y del legado vanguardista, dadaísta y surrealista, principalmente.
Artistas como Marcel Duchamp, Tristan Tzara, Salvador Dalí, André Breton, Óscar Domínguez, John Cage, Joan Brossa, Juan Hidalgo, entre muchos otros, forjaron esta tradición. A partir de ellos se abrió una puerta que nunca se volverá a cerrar. Siempre permanecerá abierta porque el conocimiento metafórico constituye la principal herramienta de trabajo de la creación después de observar detenidamente la realidad.
El objeto puro es una herramienta de naturaleza fundamentalmente poética, es la máscara del lenguaje en la que se puede entrever la verdadera cara de un hombre. En el objeto todo confluye porque es el espacio exacto de la creación. Es la forma que acaba fundiéndose con la ética y la estética de una obra. El objeto es materia, por ello es teatro y, por ello, provoca la poesía escénica.
El teatro también es forma, un lenguaje propio que evoca todas las connotaciones de la representatividad. En este mecanismo, las unidades mínimas de representación se denominan objetos. Porque todo es determinable y susceptible de ser relacionado en el vacío con cualquier cosa. Aquí, el objeto habla sin intermediarios, no necesita de adjetivos porque en sí mismo constituye una cualidad del pensamiento. La intención de objetualizar el entorno conduce a la autocrítica y a la investigación sobre el lugar ocupado por el ser humano en el mundo.
Por todo ello, lo artístico y lo escénico se relacionan en la esfera objetual. Los conceptos que participan de estos procedimientos se formalizan y adquieren una apariencia de naturaleza poética porque transitan en el misterio del movimiento en el espacio. El objeto contiene estos dos elementos esenciales, con ellos fundamenta su dinamismo en el espectador. Y éste podrá preguntarse si es arte, poesía o teatro lo que, en realidad, ve. Todo está unido, todo se vincula a través de los objetos y de sus respectivos contenidos esenciales. Ellos son los canales, los eslabones que crean las sinergias adecuadas para reconducir un misterio no desvelado.

Publicado en mi libro La poesía en el teatro, la pintura en la música (2009).

viernes, 14 de marzo de 2014

VII CLASE 12 MARZO GEOMETRIA DEL ESPACIO EN LA MEMORIA FOTOGRÁFICA





UN FRAGMENTO



 
Traducción
ERNESTINA DE CHAMPOURCIN


GASTÓN BACHELARD
LA POÉTICADEL ESPACIO



Ante todo hay que comprobar que los dos términos, fuera y dentro, plantean en antropología metafísica problemas que no son simétricos. Hacer concreto lo de dentro y vasto lo de fuera son, parece ser, las tareas iniciales, los primeros problemas, de una antropología de la imaginación. Entre lo concreto y lo vasto, la oposición no es franca. Al menor toque, aparece la disimetría. Y así sucede siempre: lo de dentro y lo de fuera no reciben de igual manera los calificativos, esos calificativos que son la medida de nuestra adhesión a las cosas. No se puede vivir  de la misma manera los calificativos que corresponden a lo de dentro y a lo de fuera. Todo, incluso la grandeza, es valor humano y hemos podido demostrar, en un capítulo anterior, que la miniatura sabe almacenar grandeza. Es vasta a su modo. De todas maneras, lo de dentro y lo de fuera vividos por la imaginación no pueden ya tomarse en su simple reciprocidad; en adelante, no hablando ya de geometría para decir las primeras expresiones del ser, eligiendo puntos de partida más concretos, más fenomenológicamente exactos, nos daremos cuenta de que la dialéctica de lo de dentro y de lo de fuera se multiplica y se diversifica en innumerables matices. Siguiendo nuestro método habitual, discutamos nuestra tesis con un ejemplo de poética completa, pidamos a un poeta una imagen bastante nueva en su matiz de ser  para que nos dé una lección de amplificación ontológica. Por la novedad de la imagen y por su amplificación estaremos seguros de repercutir por encima o al margen de las certidumbres razonables.

En ese drama de la geometría íntima, ¿dónde hay que habitar? El consejo del filósofo de entrar en uno mismo para situarse en la existencia, ¿no pierde acaso su valor, su significado mismo, cuando la imagen más flexible del "estar-allí" acaba de ser vivida siguiendo la pesadilla ontológica del poeta? Observemos bien que esta pesadilla no se desarrolla en grandes sacudidas de espanto. El miedo no viene del exterior. Tampoco se compone de viejos recuerdos. No tiene pasado. Tampoco tiene fisiología. No tiene nada en común con la filosofía del aliento entrecortado. El miedo es aquí el ser mismo. Entonces, ¿dónde huir, dónde refugiarse? ¿A qué afuera podríamos huir? ¿En qué asilo podríamos refugiarnos? El espacio no es más que un "horrible afuera-adentro"

Vivir, vivir verdaderamente una imagen poética, es conocer en una de sus pequeñas fibras un devenir del ser que es una conciencia de la turbación del ser. El ser es aquí tan sumamente sensible que una palabra lo agita.
GASTÓN BACHELARD



La poética del espacio

A propósito del estudio del espacio por Rudolf Von Laban
Unos ejemplos del kinetograma en la escritura de la danza







 Las 12 direcciones de los planos espaciales y el cuerpo








12 MOVIMIENTOS ESPACIALES
Plano Sagital Derecho e izquierdo
SD+SI
SD+FA
SI+FA
SD+FD
SI+FD
Plano Transversal
Arriba y debajo
TA+TD
TA+FA
TD+FA
TA+FD
TD+FD
Plano Frontal
Adelante y detrás
FA+FD
FA+SD
FD+SD
FA+SI
FD+SI

Estas doce direcciones determinan tres planos:

Sagital: derecha-adelante, derecha-detrás, izquierda-adelante, izquierda-detrás.
Transversal: arriba-adelante, arriba-detrás, debajo-adelante, debajo-detrás.
Frontal: arriba-derecha, arriba-izquierda, abajo-derecha, abajo-izquierda.