La filosofía
de la coordinación
JOSÉ
VASCONCELOS
Biblioteca de
México
Preámbulo
El silencio es
al sonido lo que la luz blanca al color. De la luz
natural salen
todos los colores cada vez que opera el sortilegio del
prisma. Del
silencio emergen sones cada ocasión en que las cosas se
mueven y
chocan. De la entraña del silencio arrancan gritos de angustia,
o acentos de
dicha y esperanza, los seres vivos, siempre que se
agitan y
actúan.
En vez de la
nada del sonido, su negación, el silencio, es la matriz
de todos los
clamores. Sin silencio no habría notas así como no habría
colores si no
existiese la luz. Y así como la luz es armonía y fusión
de todos los
colores, el silencio es armonía y fusión de todos los sonidos.
Se equivocaron
los pitagóricos al afirmar que la música de las
esferas suena;
la música perfecta es silencio; tal y como el color se
disuelve en la
armonía que es la luz.
No hay en la
suma de los colores o en la síntesis aplacadora de
los sonidos,
que es el silencio, ningún resabio de la unificación de
tipo
abstracto. Las notas, los tonos diversos, los sonidos diferenciados
no se reducen,
como si fueran casos particulares de un mismo género
a una sola
esencia que sería el sonido. Entre sí y dentro de sus conjuntos,
las notas y
los colores son individuaciones; no es posible traducirlas
unas a otras, ni
siquiera conceptualmente; para desarrollo
de color o
sonido es indispensable que subsista cada uno, la nota y el
color, fieles
a sí mismos. Las imágenes rápidas que usa el cinematógrafo
son
invariables, de otra manera no engendrarían la traslación
que, por
continua y diversa, es creadora de algo que simula vida. El
movimiento
gráfico significativo, nace de una concurrencia de heterogéneos,
no de la simia
de sus partes. El orden que sin embargo liga colores y notas es muy distinto de
un común denominador cualesquiera.
Si los colores
no se conservasen auténticos, no engendrarían
la maravilla
de la luz; si las notas no poseyesen estructura vibratoria
invariable, su
entrecruzamiento armonioso no engendraría la ventura
del silencio.
Se trata, pues, de fusión y unión de tipo no discursivo
sino armónico,
no analítico, sintético: no aditivo sino heterogéneo y
coherente.
Las formas
específicas del conocer como acción
Formas
elementales y específicas del conocimiento, se nos manifiestan
en la
actividad de todo lo que nos rodea. Examinemos la manera
cómo se
desenvuelve el movimiento en los seres vivos. La primera
condición del
movimiento creador, es el ritmo. En él hallamos
un modo de la
acción y también un modo del conocimiento. Analicemos
la marcha del
hombre: consiste de dos impulsiones desemejantes
que producen
avance corpóreo. Adelántase el pie izquierdo y
le sigue el
pie derecho; los dos impulsos heterogéneos se resuelven
en la unidad
que llamamos un paso. Nos hallamos frente a una contradicción
palmaria de la
matemática que nos dice que uno y uno son
necesariamente
dos; en el paso hmnano, uno y uno combinados, nos
dan uno, un
paso. Y si observamos un caballo que trota, veremos que
la acción
acompasada de cuatro patas engendra un salto; de suerte
que el
concurso de cuatro elementos dinámicos heterogéneos nos da
una unidad que
es el salto. ¿Quién podrá negar, entonces, que cuatro
ya no es aquí
igual a cuatro? ¿Qué haremos ante la evidencia desconcertante
de que cuatro
es igual a uno? Lo cierto es que nos hallamos
ante un modo
sui generis de conocimiento.
Postulamos en
consecuencia una ley propia de la constitución del
vivir, el ser,
a diferencia de la sola extensión geométrica. Uno y imo
si son
diferentes en calidad como lo izquierdo y lo derecho, no dan
dos, sino una
unidad nueva que engloba ambos y genera acción. Uno
más uno, más
uno, más uno, o sean cuatro unos, diferentes en calidad,
pero
concurrentes en un propósito vivo, vuelven a dar uno; pero
un uno de
género superior, vital, activo.
¿Cuáles son
las consecuencias filosóficas de estas verdades evidentes
como las de la
matemática, sin embargo totalmente diferentes en
sus
resultados? En seguida veremos que para explicarlas se hace necesario
un cambio
radical de los métodos usuales de la filosofía.
De suerte que
el gran predecesor de los que hoy investigamos el
problema de la
filosofía de la coordinación es Empédocles. El habló,
el primero, de
la combinación de los cuatro elementos; allí está el
secreto del
ser, en la "combinación" de sus elementos constitutivos.
Dijo también
Empédocles: "no intentes reducir la cualidad". Una filosofía
de calidades
es la nuestra, en oposición a las filosofías abstractas
que, para
abstraer, prescinden de las cualidades y los caracteres que
constituyen
los seres.
La verdad es
armonía de pensamiento y realidad; si tengo sobre
la mesa dos
peras y dos manzanas y pretendo informar al que no las
mira, en forma
simplificada, qué es lo que tengo sobre la mesa, diré:
tengo cuatro
objetos, cuatro frutas. En este momento filosofo, si por
filosofía se
entiende pensar por géneros, pero renuncio a concebir la
realidad
conforme el orden que hace existir las cosas. Al decir cuatro
objetos,
confieso el fracaso del lenguaje, el fracaso de la razón, el
fracaso de la
abstracción. No quiero hablar de cuatro cosas; mi verdadero
deseo es
comunicar al oyente el placer que me causan las dos
manzanas de
tamaño desigual, de color peculiar, las dos peras de
lustrosa
corteza apetecible. Tantas, preciosas particularidades, que se
contienen en
cada cosa, tengo que sacrificarlas para decir cuatro objetos.
Si esto es
hablar filosóficamente, hay que renunciar a la filosofía
y, sin
embargo, ésta ha sido la filosofía: un sistema de esquematizaciones,
falsificaciones
de la realidad. Sostengo que el modo de expresión
del artista,
que pinta las manzanas, según el consejo de Empédocles,
sin sacrificar
la cualidad, reproduciendo en imágenes la cualidad,
es más
filosófico que el del intelectualisla, que lo reduce todo a entes
y números. El
lenguaje de imágenes se sobrepone, cuando interviene
el artista, al
lenguaje de las ideas abstractas y la expresión se perfecciona,
se
complementa. Afirmo que el filósofo ha de ser el intérprete
de todas las
expresiones, la conceptual, la pictórica, la musical, la
expresión
sentimental, derivada de las conexiones de la cosa o el ser
con nuestra
vida. Para lograr esta suprema síntesis no basta la razón;
hacen falta
los aparatos varios de que dispone la conciencia para
conocer:
aparatos que quizás se reducen a las tres categorías: apriori
mental
racional, apriori ético, constituido por juicios de valor, y el
apriori
estético que responde a las formas estéticas específicas: ritmo.
melodía,
contrapunto. El contrapunto, ya lo hemos dicho, es el silogismo
de la
estética, pero no equivale al silogismo, no puede ser reducido
a silogismos.
De donde
resulta que esta filosofía estética que postulo, lejos de
ser confusa,
aclara la confusión. Expresa la cosa en si, el elemento
irreductible a
razón. El irracional que otros filósofos dejan sumergido
en tinieblas,
nosotros lo deslindamos según categorías específicas, las
categorías de
la estética. El orden de la belleza se construye en nuestro
sistema según
el ritmo, la melodía, la armonía y su finalidad. La finalidad
se revela
juzgando con la inteligencia y con la ética y la, estética.
Se alcanza así
la finalidad absoluta que es belleza divina, en donde
se realiza la
armonía de la dicha, infinita y eterna.
Factor de
coordinación
¿Cuál es el
tipo de unidad que alcanza nuestra filosofía? Una
unidad no
matemática, una unidad compleja pero sostenida y organizada,
la unidad que
da a nuestro vivir la conciencia.
Hay en la
conciencia una raíz de orden sobrenatural. En ella lo
natural es
participación, no es origen. La conciencia es un compuesto
trino y uno de
pasado, presente y futuro; memoria, atención y previsión;
al mismo
tiempo, quietud y movimiento; a un tiempo, noción
de cambio y
certidumbre de fijeza. Este contrasentido original es la
causa de todas
las perplejidades del pensamiento y todas ellas se aclaran
si logramos
arrojar alguna luz en el misterio que nos permite vivir
según pasado,
presente y futuro. La vida es acción y es también permanencia
y reposo. Es
ésta una de las determinaciones de la Trinidad
que es ley intrínseca
de todo lo creado. La Trinidad es el primer sistema
impar y
conforme a él se construye todo lo que tiene existencia.
Por eso la
verdad, toda verdad, es trina y una; por eso también la
verdad es
coordinación, no identificación, a lo idealista.
Si reducimos
la cambiante fijeza de la conciencia a su elemento
fijo, haremos
idealismo y llegaremos a la absurda conclusión hegeliana
de que
"el ser es la idea"; si nos quedamos con el cambio,
caeremos en el
escepticismo de Heráclito que declara imposible la
verdad. Pero
si hacemos filosofía de la coordinación, que respeta cada
factor y le
busca el proceso concurrente, advertiremos que el cambio
tiene su
estructura y su ley. Lo mismo en el orden físico del cambio.
que en el
orden psicológico del fluir de la existencia en el tiempo;
ios momentos
del cambio canalizan en las normas eternas de la razón,
la moral, la
belleza. El ser resulta de la combinación, la armonización
de elementos
dispares, en origen trinos. Luego, el ser se desenvuelve
dentro de los
otros irreductibles que son: el cambio y la fijeza;
la idea y la
sensación; la imagen y su armonía. Las imágenes expresan
la realidad
mejor que las ideas; pero las ideas mantienen entre sí la
conexión que
les da la lógica; las imágenes para hacer sentido deben
acomodarse al
orden del Universo. No se rigen las imágenes por las
asociaciones
mentales que imaginaba Hume, sino por las leyes de los
cuerpos que
simbolizan; las imágenes que responden a los cuerpos
físicos, se
gobiernan por las leyes de la física; las que corresponden
a la vida
obedecen a las leyes de la biología y así sucesivamente, el
Universo es un
sistema de zonas diferentes que actúan luia sobre otra
y sin
reducirse una a la otra. El sistema actúa según armonía y proporción
subordinadas a
un fin. La realización del fin último requiere
que cada quien
ejercite su función propia, a fin de cumplir un destino
venturoso. El
Cosmos no obedece al Uno abstracto de Parménides, sino
a la Persona
Divina, persona compleja dueña de la plenitud de la
existencia y
que a nosotros se nos manifiesta según la Trinidad de
Padre, Hijo y
Espíritu Santo; el Creador, el Redentor y el Verbo
perenne que es
sostén de los mundos.
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