Creatividad
y expresión: entre la experiencia vivida y la interpretación del
sentido
Víctor
Montero Cam
LA
FENOMENOLOGÍA DE MERLEAU-PONTY COMO RETORNO A LAS “COSAS
MISMAS”
DESDE LA EXPERIENCIA DE LA VIDA.
Merleau-Ponty,
influido decisivamente por el movimiento fenomenológico cuyo lema es
“volver a
las cosas mismas” (Zurück zu den Sachen selbst), se propuso describir
desde el
punto de vista fenomenológico la cosa tal como se muestra o aparece (en
cuanto phainómenon),
“ante mí”, ante mi mirada, en su calidad de “ser-para-mí”, en su
ser
concreto. Pero eso nos obliga a hacernos una pregunta previa: ¿qué significa
para
nosotros
hacer la experiencia del mundo, hacer la experiencia de la vida misma, de la
vida
concreta en su aparecer? La anterior interrogación puede resumirse en una
pregunta
más simple todavía. ¿Qué significa comprender la fenomenología? O nos
remite incluso a una formulación aún más breve y simple.
¿Qué es la fenomenología?
Toda
investigación filosófica, a diferencia de las investigaciones en otras
disciplinas
del saber
humano, tiene una naturaleza esencialmente problemática, cuestionadota,
porque
busca acceder al ser mismo de las cosas, penetrar en él, y ese ser de la cosa
no es
otro que la experiencia de la “cosa misma” (tó autó prágma). La
fenomenología
es el
método de acceso a la verdad filosófica y su valor radica en su capacidad de
determinar
el sentido o esencia de lo vivido, de la experiencia. La fenomenología es,
en pocas
palabras, la búsqueda de lo esencial, esto es, de las esencias. De ahí que si
a la
ciencia experimental le interesan comprender los hechos objetivos de la
realidad
desde un
punto de vista particular, la fenomenología busca la comprensión del sentido
total,
global, universal de esos hechos, la intelección de las esencias que subyacen a
los
hechos mismos. La importancia de la reflexión fenomenológica estriba en que
ella
permite
comprender el sentido y las relaciones que se establecen entre las distintas
ciencias
objetivas particulares.
Por lo
tanto, para Merleau-Ponty una filosofía fenomenológica-existencial se propone
describir
nuestra experiencia del mundo vivido, el contacto inmediato y directo con el
mundo. Se
trata del retorno decisivo a una experiencia originaria “solitaria y muda” en
cuento
experiencia universal del sujeto trascendental: pre-objetiva y, por lo tanto,
precientífica
y
pre-predicativa, anterior al conocimiento científico y a la comunicación
verbal.
Así, pues, la concepción fenomenológica implica un retorno al mundo vivido
como
origen de todos nuestros conocimientos e incluso como origen primigenio, die
Ur-Arche.
La fenomenología
pretende demostrar cómo el mundo vivido (que siempre
es mundo
percibido por nosotros) está en el origen del mundo conocido u objetivo. La
filosofía
de Merleau-Ponty no quiere ser ni una filosofía del objeto ni una filosofía del
sujeto,
pretende acceder a la Lebenswelt, al mundo pre-reflexivo, donador de
todo
sentido,
en el que aún no se han tematizado las diferencias. O, con las palabras de su
última
etapa filosófica, de lo que se trata es de “[m]ostrar que la Gestalt surgiendo
del
polimorfismo
nos sitúa por completo fuera de la filosofía del sujeto y el objeto”.
La
fenomenología, tal como la entiende Merleau-Ponty, pretende restablecer una
forma de comunicación
interior entre la cosa-materia y la consciencia-espíritu, describir
la unidad
fundamental del cuerpo y del alma como totalidad psicobiológica, en suma,
hablar
del sujeto encarnado y comprometido en el mundo a través de la historia. Para
Merleau-Ponty
el concepto de sujeto no se opone a los conceptos de cuerpo y mundo
sino que,
por el contrario, mantiene con éstos una íntima y esencial relación (rapport),
ya que “estamos
mezclados con el mundo y a los demás en una confusión
inextricable”
y porque todos los fenómenos atestiguan una unión entre el sujeto y el
mundo.
Existen pues vínculos (attachés) que aproximan a la cosa y al sujeto
encarnado.
, haciendo de ellos, en última instancia, un único y mismo tejido concreto
indiferenciado.
Por lo tanto resulta imposible que el hombre logre desprenderse en
algún
momento de los vínculos que mantiene con el tiempo y el espacio. Estos vínculo
lo atan
de manera indisoluble con el mundo, con los otros, con la vida misma; son
vínculos
vitales y constituyen la condición de posibilidad de todo lo existente porque
son
vínculos que el hombre utiliza permanentemente para dotar de sentido su propia
vida y sus relaciones con los otros y con el mundo.























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